MUJERES EXTRAORDINARIAS


Kathryn Johanna Kuhlman nació el 9 de mayo de 1907 en Misuri, Estados Unidos. Y tenía catorce años cuando nació de nuevo. Durante su vida relató muchas veces la historia de cómo respondió a lo que parecía ser un llamado soberano proveniente en forma directa del Espíritu Santo, no de ninguna persona. Ella venía de un trasfondo "religioso", más que espiritual, por lo que las iglesias a las que asistía nunca hacían llamados para recibir la salvación.El padre de Kathryn estaba de pie en la cocina cuando ella llegó corriendo de la iglesia para compartir la buena noticia con él. Acostumbraba contarle todo. En sus propias palabras, se lanzó sobre él y le dijo: "Papá... ¡Jesús ha entrado en mi corazón!" Sin mostrar ninguna emoción, su padre sólo dijo: "Me alegro".

Kathryn recordaba que nunca estuvo realmente segura de si su padre había comprendido en verdad lo que le había dicho. Finalmente, la jovencita decidió asistir a la iglesia bautista a la que iba su padre, en lugar de la metodista a la que iba su madre. Aun entonces, ya tenía ideas propias.
La doncella evangelista
Una característica de aquellos que Dios usa en gran manera es que están dispuestos a dejarlo todo y seguir su dirección. En 1913, la hermana mayor de Kathryn, Myrtle, se casó con un joven y apuesto evangelista que estaba terminando sus estudios en el Instituto Bíblico Moody. Myrtle y Everett Parrott comenzaron un ministerio como evangelistas itinerantes. Aproximadamente diez años más tarde, en 1924, Myrtle y Kathryn persuadieron a sus padres de que la voluntad de Dios era que Kathryn viajara con ellos.
En ese momento, los Parrott tenían su base en Oregon. Habían conocido a un renombrado maestro y evangelista, el Dr. Charles S. Price, quien tenía un ministerio de sanidad y les enseñó sobre el bautismo en el Espíritu Santo.
Kathryn pasó cinco años con su hermana y su cuñado, se preparaba lo que sería la base de su propio ministerio. Trabajaba en la casa para aliviar cualquier carga que su presencia pudiera significar, y pasaba muchas horas leyendo y estudiando la Palabra.En 1928, los Parrott llegaron a Boise, Idaho. Para este entonces habían adquirido una carpa y tenían una pianista llamada Helen Gulliford.
Poco tiempo después Helen y Kathryn, como Pablo y Bernabé en la iglesia del Nuevo Testamento, decidieron separarse de los Parrot. Un pastor de Boise les ofreció la posibilidad de predicar en un pequeño salón de billar que había sido reacondicionado para servir como salón de reuniones. Ese fue el comienzo del "Ministerio Kathryn Kuhlman".
"¡Quiero que sea grande!"
Después de predicar en todo Idaho, Kathryn y Helen fueron hacia Colorado. Luego de una campaña de seis meses en Pueblo, llegaron a Denver. Un hombre de negocios, Earl F. Hewitt, se había unido a ella en Pueblo, como administrador del ministerio. En ese año, 1933, la depresión estaba en su punto más alto. Sin embargo, ella creía que si servimos a un Dios de recursos limitados, entonces estamos sirviendo al dios equivocado. Kathryn vivía por el principio de fe y confiaba en Dios.
Por eso dijo a Hewitt que fuera a Denver y actuara como si tuvieran un millón de dólares. Le dijo: "Ve a Denver. Alquila el edificio más grande que encuentres. Consigue el mejor piano disponible para Helen. Llena el local de sillas. Manda a publicar un anuncio grande en el Denver Post y haz propaganda por radio, en todas las emisoras. Este es el negocio de Dios, y vamos a hacerlo a su manera: ¡A lo grande!"
Hewitt le tomó la palabra y siguió sus instrucciones. El lugar había sido un depósito de la compañía Montgomery Ward. Las reuniones se prolongaron por cinco meses, durante los cuales se mudaron a otro depósito. Después de cinco meses, un hombre se ofreció a dar un adelanto para un edificio que pudieran usar en forma permanente y que tuviera un gran cartel de neón que diría: "La oración cambia las cosas".
Dado que la respuesta a su ministerio era tan grande, Kathryn accedió a quedarse en Denver.
En febrero de 1935, se abrió el Tabernáculo del Avivamiento de Denver, con el enorme cartel de neón que le habían prometido: "LA ORACIÓN CAMBIA LAS COSAS". El auditorio tenía capacidad para dos mil personas sentadas. Durante los siguientes cuatro años, miles de personas asistieron a las reuniones. Se realizaban cultos todas las noches, excepto los lunes.
El paso en falso
En 1935, un predicador llamado Burroughs A. Waltrip, de Austin, Texas, fue invitado a predicar en el Tabernáculo. Era un hombre extremadamente apuesto, ocho años mayor que Kathryn. Pronto ambos descubrieron que había una atracción entre ellos.
El único problema era que este hombre estaba casado y tenía dos hijos pequeños. Kathryn aparentemente ignoró las señales del Espíritu Santo en su interior, que le indicaban que esta relación era un error. Poco después de su primera visita a Denver, Waltrip se divorció de su primera esposa y dijo  a todos que fue ella quien lo había abandonado.
El error
Después de dejar a su familia, Waltrip se mudó a Mason City, Iowa, presentándose como un hombre soltero, e inició un centro evangelístico llamado Radio Chapel. Se lo conocía como un evangelista dramático y sensacionalista, y comenzó a emitir diariamente desde la Capilla. Kathryn y Helen fueron allí para ayudarlo a reunir fondos para su ministerio.
Pronto, la relación romántica entre Kathryn y Waltrip, a quien ella llamaba "Mister" se hizo pública. Helen y otros amigos de Denver trataron de persuadir a Kathryn de que no se casara con el apuesto evangelista, pero ella insistía en que su esposa lo había dejado, lo cual lo hacía libre para casarse nuevamente.
Kathryn decidió creer la historia que Waltrip contaba, pero mientras preparaban la boda, su corazón estaba constantemente turbado. No tenía paz en su espíritu. La mayoría de la gente dice que "Mister" no amaba a Kathryn en absoluto. Lo que amaba era su capacidad para atraer multitudes y reunir fondos. Este hombre era bien conocido por su codicia y su estilo de vida extravagante.
Antes de la fecha decidida para el matrimonio en Mason City, Kathryn comentó el tema con sus amigas, Lottie Anthony y Helen. Lottie recuerda que Kathryn dijo: "Es que no logro encontrar la voluntad de Dios sobre este tema". Las mujeres trataron de convencer a Kathryn de que esperara y buscara tener paz en Dios. Pero ella no las escuchó.
Cuando los recién casados regresaron a Des Moines después de la ceremonia, Kathryn hizo algo extraño. Después de registrarse en el hotel, se negó a quedarse con su nuevo esposo. Su amiga Lottie Anthony dice que ella se metió en el auto y se dirigió rápidamente hacia el hotel donde ella y Helen se hospedaban.
Kathryn se quedó en el cuarto de sus amigas, llorando y admitiendo que había cometido un error al casarse, y que pediría la anulación del matrimonio.
Las tres mujeres salieron de Des Moines: esperaban explicar la situación a la congregación en Denver. Pero la congregación no les dio ninguna oportunidad. Estaban furiosos con Kathryn.
Sueños destrozados
La obra que Kathryn había construido tan diligentemente durante los cinco años anteriores se desintegró con rapidez.
Kathryn Kuhlman, la mujer que algunos habían adorado como "perfecta madonna" era, en realidad, un ser humano sujeto a tentaciones. Ella fue una gran mujer de Dios, pero lo que la hizo grande fue la decisión de actuar para recuperarse de su error.
Pero esto no se produjo de un día para otro. Kathryn pasó los siguientes ocho años en completo anonimato en lo que al gran ministerio se refiere.
Pero a partir del momento en que tomó su decisión, Kathryn nunca se apartó del llamado de su vida, nunca se desvió de la senda que Dios había trazado para ella.
Elll dia que kathryn kuhlman murio
Ella cuenta el día que se decidió ponerle punto final fue ese sábado a las cuatro de la tarde morí en ese callejón sin salida. Fue la voluntada de dios para mi vida.
Hoy puedo llevarte a una calle sin salida en cierta cuidad en un determinado estado, donde rendí todo a cristo: mi cuerpo, mi alma y mi espíritu. Caminando por allí, con lágrimas corriendo por mis mejillas, por primera vez en mi vida, fui toda de El y nada de mí. Cuando rendí total y completamente todo a Jesús, el Espíritu Santo tomo ese vaso vació, y eso es todo lo que el pide. ¡Ese día fue el amanecer del día más grande de mi vida! No tuve un ministerio real hasta ese día que camine por esa pequeña calle sin salida, y me rendí por entero a el.
A partir de ese momento ella nunca se aparto del llamado de su vida, nunca se desvió de la senda que dios había trazado para ella, y nunca mas volvió a ver mister después de que compro un boleto de ida a franklin Pensilvana.
Las muchas voces
Poco después de iniciar sus reuniones en el Gospel Tabernáculo (Pensilvania), comenzó un programa diario en la radio WKRZ en Oil City. A los pocos meses, la respuesta de la gente era tal, que sumó otra estación en Pittsburgh.
Repentinamente, en lugar de que las personas la acosaran, Kathryn se vio inundada de correspondencia; la estación de Oil City finalmente debió prohibir a las personas que entraran al estudio, porque no se podía trabajar.
En esta época del fin de la guerra, el Espíritu Santo se movía para restaurar al cuerpo de Cristo por medio del don de la sanidad. Las grandes campañas de sanidad estaban al orden del día.
En ese momento Kathryn aún oraba principalmente para que las personas fueran salvas. Pero también comenzó a orar e imponer las manos a quienes necesitaban sanidad. No tenía la más mínima idea de que esta área del ministerio le daría fama internacional.
A medida que su ministerio se desarrollaba, Kathryn comenzó a poner menos énfasis en la fe, y más en la soberanía del Espíritu Santo. En sus reuniones no había tarjetas de oración, ni carpas para los inválidos, ni largas filas de personas enfermas que esperaran que ella les impusiera las manos. Kathryn nunca acusó a los que no recibían sanidad de ser débiles en la fe. Parecía que las sanidades se producían en todo el auditorio mientras la gente estaba simplemente en sus asientos, concentrados en Jesús, con la mirada puesta en el cielo.
Demasiados como para nombrarlos a todos
¿Cuáles fueron algunos de los milagros más destacados? Aunque hubo miles y miles de milagros, el mayor milagro, para Kathryn, era que una persona naciera de nuevo. En cierta ocasión, un niño de cinco años, paralítico de nacimiento, caminó hacia la plataforma sin ayuda de nadie. Otra vez, una mujer que había estado paralítica y confinada a una silla de ruedas durante doce años, caminó hacia la plataforma sin ayuda de su esposo. En Filadelfia, un hombre al que le habían colocado un marcapasos ocho meses antes, sintió un dolor intenso en su pecho cuando Kathryn le impuso las manos. Al llegar a su casa, descubrió que la cicatriz de la operación se había borrado, y no estaba seguro de si el marcapasos funcionaba. Más tarde, cuando el médico ordenó tomarle algunas radiografías, descubrieron que el marcapasos había desaparecido ¡y el corazón estaba totalmente sano!
Era común que los tumores se disolvieran, los cánceres se esfumaran, los ciegos vieran y los sordos oyeran. Las migrañas eran sanadas instantáneamente. Aun los huecos en los dientes eran rellenados por intervención divina. Sería imposible dar una lista de los milagros que se produjeron a través del ministerio de Kathryn. Sólo Dios lo sabe.
Ella solía llorar de gozo al ver los miles de personas sanadas por el poder de Dios. Algunos recuerdan que las lágrimas caían hasta sobre sus manos.
También se dice que Kathryn lloraba al ver las personas que se iban de sus cultos aún en sus sillas de ruedas o enfermas. Nunca trató de explicar por qué algunos recibían su sanidad, y otros no. Ella creía que la responsabilidad era de Dios. Le agradaba referirse a sí misma como "vendedora", no "gerente". Cualquier cosa que la Gerencia decidiera hacer, ella estaba obligada a obedecer. Pero solía decir que esa era una de las primeras preguntas que le haría a Dios cuando llegara al cieloEstoy bien con mi DiosEl último culto de milagros de su ministerio fue realizado en el Auditorio Shrine de Los
Ángeles, California, el 16 de noviembre de 1975. Cuando Kathryn abandonaba el auditorio, una empleada de su oficina de Hollywood vio algo que nunca olvidaría.
Mientras todos salían del auditorio, Kathryn caminó en silencio hasta el final de la plataforma. Una vez allí, levantó la cabeza y recorrió lentamente con su mirada la planta alta de asientos, como si estudiara a cada uno, durante un tiempo que pareció una eternidad. Luego bajó la mirada a la segunda sección, siguió cada fila y cada asiento con la mirada. Finalmente estudió detalladamente cada uno de los asientos de la planta baja.
Solo podemos imaginar lo que pasaba por la mente de Kathryn: los recuerdos, las victorias, las sanidades, las risas, las lágrimas. ¿Sería posible que ella supiera que jamás volvería a pisar la plataforma? ¿Sería posible que en ese momento estuviera despidiéndose de su ministerio terrenal?
Sólo tres semanas después de ese día de noviembre, Kathryn agonizaba en el Centro Médico Hillcrest de Tulsa, Oklahoma, después de una operación a corazón abierto.
"Quiero irme a casa"
Oral y Evelyn Roberts estuvieron entre las pocas personas a las que se permitió visitar a Kathryn en el Centro Médico. Cuando entraron a su cuarto y se acercaron a su cama para orar por su sanidad, Oral recuerda que sucedió algo muy importante. "Cuando Kathryn se dio cuenta de que estábamos allí para orar por su recuperación, extendió sus manos como formando una barrera y las levantó hacia el cielo". Evelyn Roberts miró a su esposo y dijo: "No quiere que oremos. Quiere irse a casa".
Kathryn Kuhlman fue un tesoro muy especial. Su ministerio fue pionero en llevar a nuestra generación al conocimiento del Espíritu Santo. Ella intentó mostrarnos cómo tener comunión con Él, y amarlo. Kathryn verdaderamente tenía la capacidad de revelarnos el Espíritu Santo como nuestro Amigo. Por esto, nadie puede cerrar este capítulo mejor que ella misma:
"El mundo me ha llamado tonta por haberle dado mi vida entera a Alguien que nunca he visto. Sé exactamente lo que voy a decir cuando esté en su presencia. Cuando mire el maravilloso rostro de Jesús, tendré sólo una cosa para decir: 'Lo intenté'. Me entregué lo mejor que pude. Mi redención será completada cuando me encuentre frente a quien todo lo hizo posible".



En 1844, en una solitaria granja en Lisbon, Ohio, nació María. Una niña de pueblo en mitad de un estado agrícola, parecía destinada a ser ama de casa y madre, pero a los trece años, tras convertirse, Maria Woodworth-Etter, recibió un llamamiento a servir a Dios como predicadora.
Las dificultades para una mujer en el siglo XIX eran enormes y los problemas personales de María parecían insalvables. Su madre murió poco después y ella tuvo que hacerse cargo de la granja, lo que terminó con sus sueños dedicarse a predicar.
Tras la Guerra Civil, Maria se casó con P. H. Woodworth, un soldado herido que dedicó, junto a su nueva mujer, todas sus fuerzas para levantar la granja. Tuvieron seis hijos, pero cinco murieron a muy corta edad, transformando la felicidad de los Woodworth en una profunda tristeza.

María, desesperada, buscó en la Biblia la respuesta a su triste situación. Las palabras del profeta Joel la llenaron de ánimo, cuando descubrió que, según la promesa de Dios, tanto las mujeres como los hombres recibirían el derramamiento del Espíritu Santo, en los últimos tiempos.
Una noche, mientras oraba, tuvo una visión que la llevaba sobre las inmensas praderas del Oeste y vio como ella predicaba sobre los amarillentos campos de trigo. Entonces, una voz le dijo: “Así como caen los granos, caerán las personas”.

Una nueva vida comenzaba para María. ¿Podría superar todos los obstáculos y convertirse en una de las primeras predicadoras del siglo XIX?
Comenzó a servir dentro de su propia iglesia, pero al poco tiempo su ministerio se extendió a otras congregaciones que le pedían que fuera a visitarles. Al poco tiempo, Maria comenzó a comprobar que, tras la oración, algunas personas caían al suelo sin que ella las tocase. Estos “trances” le causaron numerosas críticas entre los ministros de las diferentes denominaciones. La propia predicadora definía de esta manera los trances: “Son una de las cuatro formas en que Dios se manifiesta en una visión. En la forma del trance, las capacidades naturales se congelan y de esta manera Dios puede ministrar todo lo que sea necesario”.

Unos años más tarde, en uno de los momentos de mayor reconocimiento, María se separó de su marido, que le había engañado con otra mujer. En 1892, su ex marido moría de fiebres tifoideas. Ella se casó unos años más tarde.
Después de una larga temporada de campañas evangelísticas en el Oeste y de la publicación de varios libros, su fama se extendía por todo el país. Pero también tuvo problemas con la Justicia. Fue citada tres veces a juicio, pero solo una de ellas prosperó. El juicio se realizó en Framingham, Massachussets. Los cargos eran los de hipnosis y la práctica de la medicina. Al final la causa se desestimó.

La Campaña Mundial de los Ángeles, en la que participaba la iglesia de Azusa, fue la que originó una de las divisiones más profundas y duraderas entre los nacientes grupos pentecostales. Un tal John G. Scheppe comenzó a predicar que solo había que bautizar en el nombre de Jesús y que si alguien había sido bautizado en el nombre de la Trinidad debía ser rebautizado. La hermana Maria adoptó una posición ambigua y, tan sólo unos años después, condenó abiertamente el unitarismo.

En 1918, tras cuarenta y cinco años como evangelista, María se estableció en Indianápolis y construyó una gran iglesia.
Algunas declaraciones de la evangelista:
"Los domingos recorría más de 11 kilómetros y tenía reuniones los sábados en la noche, además de tres reuniones de Rabat a veces en diferentes iglesias y luego volvía a casa por un camino árido y empinado. Para entonces estaba exhausta y apenas si podía moverme para hacer mi trabajo. Pero al finalizar la semana, comenzaba de nuevo; y muy ameno tenía reuniones durante la semana en los pueblos de alrededor, cerca de donde yo había nacido."

Ester era conocida por demostraciones del poder de dios en formas inusuales. Mientras ella predicaba, la gente corría hasta el altar clamando misericordia. Caían bajo el poder de Dios y yacían en el piso como si estuvieran muertos. Luego de casi dos oras, una persona tras otra se paraban de un salto y gritaban dando adoración a Dios sus rostros brillaban por eso la llamaban conversiones brillantes.
Maria Woodworth Etter


Era el 1 de enero de 1885, en una iglesia metodista 5 lideres se pusieron a orar para que Dios sacudiera la ciudad y Dios le contesto por medio de un niño
El niño líder de la clase cayó primero bajo el poder de Dios. Se levanto de un salto y se acercó al pulpito, y comenzó a hablar con sabiduría y poder de Dios. Su padre comenzó a alabar al señor. Mientras el pequeño exhortaba y llamaba a la gente a cristo, toda la congregación comenzó a llorar. Algunos clamaban; otros caían postrados.
Tal demostración de poder toco negocios bares y alcanzo a muchos pecadores la gente caia bajo el poder del Espíritu Santo en las carreteras, casas y negocios
Dios la uso en señales y prodigios, especialmente de sanidades físicas.

Su larga vida tocaba a su fin, con ochenta años y tras haber enterrado a sus seis hijos y dos maridos, poco le quedaba ya por hacer. Su ministerio había sido sencillo, pero acompañado por grandes manifestaciones de poder y miles de convertidos.



Semblanza de Susana Wesley, la madre de John y Charles Wesley, una madre que combinó maravillosamente la disciplina y la piedad. Susana Wesley fue la mayor de veinticinco hermanos y la madre de diecinueve hijos. John, su décimoquinto hijo, fundador del Metodismo, nació en Epworth, Inglaterra, en la misma ciudad donde también nació Charles, su hijo decimoctavo, el compositor de himnos famosos.Ella soportó privaciones, pero nunca se desvió de la fe y de la misma manera enseñó a sus hijos.
Una iglesia ´doméstica´El hogar de Susana Wesley en Epworth era un hogar cristiano casi perfecto, y allá, en su ‘iglesia doméstica’, ella plantó la primera semilla de la vida cristiana y la mantuvo viva a través de sus atentos cuidados.
Su hijo John nunca se olvidó de los cultos que su madre conducía en su casa los domingos en la noche. En un comienzo ella los dirigía en su amplia cocina, pero después, por el aumento del número de participantes, la pequeña reunión se extendió por toda la casa y hasta en el granero.
John Wesley sentía que, si su madre podía ganar almas, otras mujeres también podrían involucrarse en este servicio de amor. Muchas mujeres se hicieron cooperadoras valiosas en el ministerio debido al estímulo recibido de John Wesley.
El autor Isaac Taylor mencionando a Susana Wesley dice: “Su valor, su sumisión y autoridad, la firmeza, la independencia y el control de su mente; el fervor de sus sentimientos devocionales y la dirección práctica dada a sus hijos brotaron y se repetirían muy notoriamente en el carácter y conducta de su hijo John”.
John y CharlesEn Oxford, Charles era un miembro del llamado “Club Santo”, que se reunía a leer el Nuevo Testamento en griego. John se juntó a un pequeño grupo y luego llegó a ser su líder. Eran jóvenes piadosos que visitaban a los pobres y enfermos, prisioneros y endeudados, vivían sin lujo, pasaban por muchas necesidades a fin de poder ayudar a otros. Viviendo de acuerdo con el método enseñado por su piadosa madre, aquellos jóvenes fueron apellidados “metodistas”.
El entrenamiento que Susana Wesley dio a sus hijos fue mencionado en una carta que ella escribió a su hijo mayor, Samuel, el cual también llegó a ser un predicador: “Considere bien que la separación del mundo, pureza, devoción y virtud ejemplar son requeridas en aquellos que deben guiar a otros a la gloria.
Yo le aconsejaría organizar sus quehaceres siguiendo un método establecido, por medio del cual usted aprenderá a optimizar cada momento precioso.
Comience y termine el día con el que es el Alfa y la Omega, y si usted realmente experimenta lo que es amar a Dios, usted redimirá todo el tiempo que pudiere para su servicio más inmediato. Empiece a actuar sobre este principio y no viva como el resto de los hombres, que pasan por el mundo como pajas sobre un río, que son llevados por la corriente o dirigidas por el viento.
Reciba una impresión en su mente tan profunda como sea posible de la constante presencia del Dios grande y santo.
Él está alrededor de nuestros lechos y de nuestras trayectorias, y observa todos nuestros caminos. Siempre que usted fuere tentado a cometer algún pecado, o a omitir algún deber, pare y dígase a sí mismo: “¿Qué estoy por hacer? ¡Dios me ve!”
Sobreponiéndose a las pruebasElla practicaba lo que predicaba a sus hijos. Aunque dio a luz diecinueve hijos entre 1690 y 1709, y era una mujer por naturaleza frágil y ocupada con los muchos cuidados de su familia, apartaba dos horas cada día para la devoción a solas con Dios. Susana tomó esta decisión cuando ya tenía nueve hijos. No importaba lo que ocurriese, al sonar el reloj ella se apartaba para su comunión espiritual.En la biografía sobre Susana Wesley, Mabel Brailsford comenta: “Cuando nos preguntamos cómo veinticuatro horas podían contener todas las actividades normales que ella, una frágil mujer de treinta años, era capaz de realizar, la respuesta puede ser hallada en esas dos horas de retiro diario, cuando ella obtenía de Dios, en la quietud de su cuarto, paz, paciencia y un valor incansable”.
Las pruebas que Susana soportó podrían haberla aplastado. Solamente nueve de sus diecinueve hijos sobrevivieron hasta la vida adulta. Samuel, su primogénito, no habló hasta los cinco años.
Durante aquellos años ella lo llamaba “hijo de mis pruebas”, y oraba por él noche y día. Otro hijo se asfixió mientras dormía. Aquel pequeño cuerpo fue traído a ella sin ninguna palabra que la preparase para enfrentar lo que había sucedido.
Sus gemelos murieron, al igual que su primera hija, Susana. Entre 1697 y 1701 cinco de sus bebés murieron. Una hija quedó deformada para siempre, debido al descuido de una empleada. Alguno de sus hijos tuvieron viruela.
Otras dificultades la persiguieron. Las deudas crecían y el crédito de la familia se agotaba. Su esposo, que nunca fue un hombre práctico, no conseguía vivir dentro del presupuesto de su familia, y si no hubiese sido por la diligencia de su mujer, con frecuencia no habrían tenido alimento.
Desde el punto de vista puramente material, la historia de Susana fue de una miseria poco común, privaciones y fracaso.
Espiritualmente, en cambio, fue una vida de riquezas verdaderas, gloria y victoria, pues ella nunca perdió sus altos ideales ni su fe sublime. Durante una dura prueba, ella fue a su cuarto y escribió: “Aunque el hombre nazca para el infortunio, yo todavía creo que han de ser raros los hombres sobre la Tierra, considerando todo el transcurso de su vida, que no hayan recibido más misericordia que aflicciones y muchos más placeres que dolor.
Todos mis sufrimientos, por el cuidado del Dios omnipotente, cooperaron para promover mi bien espiritual y eterno ... ¡Gloria sea a ti, oh Señor!”
La ‘escuela doméstica’En su escuela doméstica, seis horas por día, durante veinte años, ella enseñó a sus hijos de manera tan amplia que llegaron a ser muy cultos. No hubo siquiera uno de ellos en el cual ella no hubiese depositado una pasión por el aprendizaje y por la rectitud.
Cierta vez, cuando su marido le preguntó exasperado: “¿Por qué usted se está ahí enseñando esta misma lección por vigésima vez a ese muchacho mediocre?”, ella respondió calmadamente: “Si me hubiese satisfecho con enseñarla diecinueve veces, todo el esfuerzo habría sido en vano. Fue la vigésima vez la que coronó todo el trabajo”.
Siendo ya un hombre famoso, su hijo John le rogó que escribiese algo sobre la crianza de los hijos, a lo queella consintió con renuencia: “Ninguno puede seguir mi método, si no renuncia al mundo en el sentido más literal.
Hay pocos, si es que los hay, que consagrarían cerca de veinte años del primor de su vida con la esperanza de salvar las almas de sus hijos”. Formando siervos de DiosEl bienestar espiritual de sus hijos interesaba mucho a Susana. Ella les inculcó un aprecio por las cosas del Espíritu y llevó adelante esta enseñanza hasta sus años de madurez. Incluso siendo mayor, su hijo John venía donde su piadosa madre en busca de consejo.
No solo para ellos, sino para todo el mundo, Susana Wesley dio una nueva libertad de fe, un nuevo brillo de religión práctica y una nueva intimidad con Dios.
No es de admirar que esta madre que tan frecuentemente oraba “dame gracia, oh Señor, para ser una cristiana verdadera”, produjese un gran cristiano como John Wesley. Ella oraba: “Ayúdame, Señor, a recordar que religión no es estar confinada en una iglesia o en un cuarto, ni es ejercitarse solamente en oración y meditación, sino que es estar siempre en tu presencia”.